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martes, 18 de agosto de 2015

La ouija y los mundos paralelos

   


 

    Son los universos paralelos el comodín con  que los cosmólogos explican tanto el big-bang (por colisión entre aquéllos) como la debilidad relativa de la gravedad (campo residual filtrado de otro a este universo). Se trata de una idea de las más naturalmente intuitivas, y que ya pudo expresar con un símil agrícola el maestro de Epicuro, al tener por «absurdo que en un gran campo se produzca una sola espiga, y en el infinito, un solo mundo» (Stob. Ecl., I, 23). Del mismo modo que en el vacío perfecto subsisten fluctuaciones u oscilaciones azarosas de un campo (electromagnético o gravitatorio), con aspecto de partículas que tan pronto irrumpen por pares, se esfuman, puede nacer de singularidades como la del big-bang un agujero de gusano, que conecta puntos distantes en el universo o dos mundos. Pero cualquier materia o radiación que lo atraviese, durante su indeciblemente nimia vida, será aprisionada por constricción y desintegrada con su continente en un big-crunch. Hawking está convencido de que las leyes de la física no permiten sostener un puente entre el pasado y el futuro, porque no resistiría un haz lo bastante fuerte de fluctuaciones del vacío.
    La parasicología cree entablar contacto con quienes se llevó la descarnada al mundo subatómico, a través del tablero de ouija, por el que se desliza un vaso con apenas posar la yema del índice cada participante. El mecanismo lo desencadena cualquier interrogante formulada, porque la sugestión (como se saliva contemplando sin más un buen manjar) obra de amplificador de los pulsos eléctricos cerebrales transmitidos a los músculos, ante la expectativa de movimiento. Sicólogos clínicos, siquiatras y neurobiólogos saben que la consolidación de una fobia sucede, precisamente por la ansiedad de expectativa, a la intensificación del primer síntoma.


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